Al atardecer, las orillas del Bósforo se llenan de una delicada luz rojiza que ilumina a la que fue capital del Imperio Romano de Oriente, de Bizancio y del Imperio Otomano, mostrando el esplendor de un pasado glorioso y un futuro de modernidad. Estambul es la única ciudad del mundo que se asienta sobre dos continentes: Europa y Asia. En ella convergen las civilizaciones del Oriente y del Occidente. Es esta enorme riqueza y diversidad cultural lo que más fascina al visitante de Istanbul. Y es que los museos, iglesias, palacios, grandes mezquitas, bazares y las espectaculares vistas de la belleza natural del entorno parecen inagotables. Debido a su situación estratégica entre Asia y Europa, Istanbul ha tenido a lo largo de la historia una gran importancia geopolítica y ha sufrido en más de una ocasión el dominio de otros estados que querían ejercer su influencia en esta zona.

En honor a su fundador, la ciudad fue bautizada como Bizancio. Posteriormente, después de varios monumentos importantes construidos durante el reinado del emperador Constantino el Grande, la ciudad pasó a llamarse Constantinopla: la ciudad de Constantino. Tras la conquista por parte de los otomanos, se convirtió en Estambul, llegando a ser una de las ciudades más grandes y pobladas de Europa. Comprende un área de 7.500 kilómetros cuadrados, con una longitud aproximada de 150 kilómetros.

Hoy en día, Estambul es el centro económico de la República de Turquía. Un continuo desfile de petroleros y barcos mercantes cruza a diario las aguas del Bósforo. La población continúa creciendo, la ciudad se hace más grande, más intensa a cada momento. La historia de sus calles, barrios, templos, mezquitas y palacios alimenta la vida de una ciudad y de una gente que se abre al futuro, mientras los atardeceres sobre el Bósforo siguen alumbrando con la misma luz de los siglos pasados las orillas de Estambul.