Asedio de Constantinopla

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Murallas-de-estambul

Durante su historia, y antes de convertirse en Estambul, la ciudad de Constantinopla vivió numerosas luchas por su posesión y sufrió numerosas asedios. Desde los persas y los árabes, hasta los turcos, pasando por bizantinos, búlgaros, varegos, cruzados y nicenos; todos intentaron hacerse con el poder de la ciudad, pero muy pocos lo consiguieron.

Tras los pasados intentos infructuosos de conquista llevados a cabo por los propios turcos en los años 1391, 1396 y 1422, el último intento de Mehmet II sería el definitivo.

 En el año 1451, Mehmet II ocupó el trono del Imperio Otomano con la idea de conquistar Constantinopla que, como decía el Corán, debía estar en poder de los musulmanes. Aunque había prometido al emperador bizantino, Constantino XI, que respetaría su territorio, por su cabeza solo pasaba la idea de la conquista. Además, Constantino XI, cometió el error de exigir el pago de un tributo anual al Imperio Otomano, acto que enfureció a Mehmet II.

 Tras este hecho, se comenzó a preparar el asedio. El plan de Mehmet II consistía en sitiar la ciudad con la ayuda de la construcción de una fortaleza a las afueras de la ciudad (Rumeli Hisari) para cortar los suministros.

 Ambos bandos se prepararon para la guerra, si bien, el Imperio Bizantino no puedo reunir más de 5.000 hombres para la defensa de la ciudad, mientras que el ejército con el que contaba Mehmet II alcanzaba los 100.000 hombres. Además, el ejército otomano contaba con un arma esencial, la artillería. Las, hasta entonces, inexpugnables murallas de Constantinopla no estaban diseñadas para soportar el disparo de los cañones con los que contaban los otomanos.

 Finalmente, y tras un ultimátum de Mehmet II en el que prometía no matar a ningún cristiano si la ciudad era entregada y que fue rechazado, se inició el ataque final el 29 de mayo. La estrategia llevada a cabo por el sultán fue la de mandar en primer lugar un contingente de prisioneros y mercenarios que luchó contra las tropas bizantinas que, a pesar de salir victoriosas, terminaron muy cansadas. Tras esto, el ejército bizantino tuvo que hacer frente a los 80.000 hombres de los que disponía el ejército otomano.

 Tras horas de batallas en las que los otomanos no conseguían penetrar la muralla, a pesar de haber abierto un agujero gracias al uso del cañón, los jenízaros encontraron un punto de entrada a través de una puerta medio abierta. Una vez encontrado un lugar por el que acceder a la ciudad, la conquista resultó más sencilla.

El emperador Constantino XI murió defendiendo la ciudad, como le había prometido a Mehmet II. Tras su muerte, Constantino XI se convirtió en santo para la Iglesia Ortodoxa y en un símbolo de la resistencia en la guerra de la independencia de Grecia contra el Imperio Otomano.

 Se dice que el cuerpo de el emperador fue colgado de la Columna de Constantino, y que Mehmet II mandó embalsamar su cabeza y la conservó para sí.

 Una vez conquistada, el sultán Mehmet II entró en la ciudad y al visitar Santa Sofía ordenó que está fuera reconvertida en mezquita, además decidió que las murallas fueron reconstruidas inmediatamente. La caída de Constantinopla supuso el fin del Imperio Bizantino y de la Edad Media.

 La conquista de Constantinopla tuvo importantes implicaciones históricas. Tras la caída, la ruta comercial entre Europa y Asia quedó cortada, por lo que se tuvieron que activar rutas comerciales alternativas. La situación geográfica de portugueses y castellanos junto al Atlántico motivó el viaje de Vasgo de Gama, que llegó a las Indias bordeando África, y posteriormente el de Cristobal Colón, que consideraba posible llegar al mismo punto navegando hacia el oeste.

 La conquista otomana de Constantinopla también resultó crucial en el auge del Renacimiento ya que numerosos eruditos griegos escaparon a Italia, y con ellos se llevaron los manuscritos de la cultura griega y latina que hasta entonces se encontraban guardados en las bibliotecas de la ciudad.